Mayor del Ejército asesinado -en 1973- por haber salvado a decenas de uruguayos y bolivianos

Mayor del Ejército asesinado -en 1973- por haber salvado a decenas de uruguayos y bolivianos.

La existencia irrefutable de un número significativo de militares que se negaron a participar en el golpe de Estado permite afirmar que este no fue perpetrado por las Fuerzas Armadas, sino por una fracción de ellas. La historia poca conocida y, a menudo, oculta de los legalistas, desmiente, indiscutiblemente, el mito del alzamiento unánime, uno de los dogmas oficiales durante la Dictadura.

La disidencia en las Fuerzas Armadas, en 1973, se aplica a una gama de comportamientos que va desde los que se inclinaron ante el hecho consumado del pusch, pero se negaron a maltratar y ejecutar prisioneros, lo que provoca el despido –o cosas peores– a los que, opuestos al Golpe, se propusieron a enfrentarlo con las armas. Los primeros, generalmente, actuaron en conformidad a valores humanistas, mientras que los segundos añaden a estos ideas de izquierda, pues defienden principios y un gobierno legítimo, con el que se identifican. El primer comportamiento se da, sobre todo, entre oficiales disidentes, mientras que la reacción comprometida es mayoritaria entre los disidentes de la tropa.

Jorge Magasich A. (Los que dijeron “No”)

Entre la enormes deudas que todavía tenemos, con compañeras(os) que todo dieron por nuestros pueblos, resaltan militares y policías que no adhirieron y/o resistieron el vil golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, como los diecisiete detectives –apenas uno abandonó su puesto– que, leales al legítimo gobierno presidido por Salvador Allende, combatieron hasta el último instante de la heroica resistencia en el demasiado desigual combate de La Moneda, o el conscripto Michel Selim Nash Sáez (fusilado, en Pisagua, a los 19 años, por negarse a disparar contra sus compatriotas), o el cabo segundo Carlos Carrasco Matus, asesinado a cadenazos, a los 21 años, en Villa Grimaldi, por tratar humanamente a las(os) prisioneras(os) políticas(os)… La muy digna lista, desmintiendo a los cobardes traidores, sería bastante larga –Nathaniel Davis, embajador de los EE.UU., en 1973, afirmó: “Supe de 50 oficiales leales que fueron detenidos el 10 de septiembre”–; sin embargo, ahora, lo pertinente es destacar al mayor de ejército Mario Lavanderos Lataste, asesinado el 18 de octubre de 1973, después de haber libertado 55 presos políticos uruguayos (ya condenados al fusilamiento) y trece bolivianos, detenidos en el Estadio Nacional, entregándolos a la protección de la embajada de Suecia –precisamente, al valiente e ilimitadamente solidario Harald Edelstam, que enfrentó a la Dictadura desde el inicio, salvando numerosos vidas–, en calidad de refugiados. Transcurridos más de 40 años de total impunidad, el juez Mario Carroza procesó, finalmente, al ex teniente coronel del Ejército, David Reyes Farías, quién asesinó de un tiro en la cabeza al mayor Mario Lavanderos Lataste.

 

 

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